(Por J. Miguel Herrero Velasco)

Ya hemos superado la crisis económica que azotó a la economía española y que cambió los hábitos y las tendencias del consumidor. Diez años después nos encontramos una sociedad que ha cambiado mucho. Una transformación social en la que la tecnología y la crisis económica han tenido mucho que ver.

Miguel Herrero Velasco (1)Una década (ahora) es una eternidad. Todo va a un ritmo frenético. En estos años los millenials y postmillenials han crecido y tienen mayor poder de decisión, mientras que los seniors se han hecho más mayores y demandan nuevos servicios y productos que antes no eran necesarios. Estos segmentos de la población, junto con los hogares formados por pocos miembros, están siendo los que marcan las tendencias en el consumo.

El consumidor demanda productos y servicios en función de sus valores. Los valores de la sociedad han “pivotado” y se han consolidado algunos como la cooperación, la transparencia, el respeto al entorno, el compromiso con la sociedad y la búsqueda de soluciones que ahorren tiempo y faciliten la vida.

Este ritmo trepidante hace que las marcas tengan que estar con las antenas bien sintonizadas para conocer, e incluso anticiparse, a los gustos de los consumidores y, no solo eso, si no que se lo sepan ofrecer de manera rápida, ágil y a través de muchos canales. La multicanalidad es una realidad con la que hay que convivir sí o sí. Quiero reflexionar sobre dos elementos que me parecen enormemente relevantes en este contexto. La salud y el ahorro de tiempo.

La salud
La preocupación por la salud no es algo nuevo. Los consumidores han estado siempre ávidos de conocer qué mejora su bienestar y su salud. Desde hace unos años, hay una corriente, creciente, que asocia la salud con el estilo de vida y de alimentación. Algo tan cotidiano como ingerir alimentos varias veces al día se ha revelado como fundamental para prevenir determinadas enfermedades o patologías.

Los alimentos con propiedades nutricionales extraordinarias, los llamados superalimentos, los alimentos proteicos, los veganos, vegetarianos, crudívoros, flexivegetarianos, son algunos ejemplos de quienes toman preocupaciones dietéticas o siguen una dieta.

Otra tendencia es el incremento en la demanda de alimentos más naturales (alimentos ´fit´), sin aditivos, colorantes u otros componentes incorporados. Actualmente, se están produciendo reformulaciones en la industria alimentaria para ofrecer a los consumidores alimentos alineados con esta tendencia.

La obesidad, que algunos han llamado epidemia, es claramente un problema que puede atajarse con unos buenos hábitos de alimentación. En este sentido, se abre un océano inmenso de posibilidades para los fabricantes y distribuidores de gran consumo. Los productos y servicios que contribuyan a reducir peso y a hacernos sentir mejor serán valorados tanto por los consumidores como por las autoridades públicas.

Ahora bien, no podemos dejar pasar, que en este “tsunami” vinculado con la alimentación y salud hay mucha información interesada, sesgada, e incluso a veces falsa, que pretende demonizar determinados productos, sin suficiente base científica.

Estas corrientes de opinión son peligrosas para la industria y pueden incluso engañar a los consumidores. La aparición de “personas corrientes” con gran capacidad de influencia en las redes sociales se convierte en un nuevo elemento a considerar en las campañas de promoción. No se puede negar esta evidencia. El poder de las redes sociales es hoy mucho mayor que muchos medios de comunicación convencionales.

La innovación, en un sentido amplio, ligada con la salud, el bienestar y el ejercicio físico es un campo abonado para el triunfo.

El ahorro de tiempo

Respecto al ahorro de tiempo, que a mí me gusta llamar “compra de tiempo”, es otra corriente que hay que considerar en el gran consumo.

La conveniencia tampoco es algo nuevo. Antes de la crisis económica, los productos y servicios de conveniencia tenían un precio superior, sobre todo por que aportaban un mayor valor añadido. La crisis trajo la economía colaborativa y con ella aparecieron nuevos servicios de distribución y de comercialización que permitían al consumidor ahorrar tiempo y abaratar costes.

El consumidor hoy quiere disponer de tiempo. Ahora los consumidores son hiperactivos y quieren aprovechar al máximo su tiempo. Buscan hacer varias tareas al mismo tiempo.  Por ello, necesitan que les ofrezca soluciones que le permitan alimentarse, disfrutar, compartir y estar sano, y si es posible todo junto.

Las aplicaciones, los conceptos que permiten a los consumidores ganar tiempo para dedicarlo a otras actividades son ganadores. En definitiva, la innovación, presente y futura, en el ámbito del gran consumo alimentario discurrirá por diversos caminos, todos ellos buscarán satisfacer al consumidor. Este consumidor, que a la vez es ciudadano de una sociedad con nuevos valores, aprecia mucho más su tiempo y su salud. Innovar en estas líneas hará que marcas, emprendedores y distribuidores triunfen.

J. Miguel Herrero, es Ingeniero Agrónomo del Estado y experto en tendencias en alimentación  (www.nuncacomassolo.com)