El textil une fuerzas ante el reto de sus residuos
La Responsabilidad Ampliada del Productor (RAP) empuja al sector a reorganizar residuos, diseño y reciclaje.
El sector textil camina de la mano para transitar hacia la economía circular, motivado en parte por las normas que a nivel nacional y europeo persiguen dar una segunda vida a aquellas prendas y textiles desgastados así como a nuevos lanzamientos que no han tenido la suerte de triunfar entre los consumidores. Y en concreto, por la aparición de un nuevo concepto, la Responsabilidad Ampliada del Productor (RAP), que atribuye la obligación de que aquel que fabrica debe ser responsable de la gestión de los residuos que generan sus productos.
Esta figura aparece en la Directiva Marco de Residuos de la Unión Europea, en vigor desde octubre de 2025, pero también en la Ley de Residuos y Suelos Contaminados para una Economía Circular, aprobada en nuestro país en 2022. Ambas han forzado a un gran número de firmas de moda españolas a familiarizarse con conceptos como la valorización – la operación que permite que un residuo vuelva a tener un fin -, los residuos comerciales o los sistemas de gestión de residuos.
Precisamente, esta última figura que las compañías deben adoptar para cumplir con el RAP motivó que en 2023 empresas como Decathlon, El Corte Inglés, H&M, Mango, Ikea, Inditex, Primark, Kiabi, Sprinter/JD o Tendam se unieran y crearan la Asociación para la Gestión del Residuo Textil y el Calzado (Re-viste), su sistema colectivo de responsabilidad ampliada del productor (SCRAP).
“Aunque la mayoría de ellas ya tenían iniciativas propias de recogida separada, se dieron cuenta de que la magnitud del reto requería unir fuerzas y hacerlo de manera colectiva”, cuenta a D/A Retail Juan Ramón Meléndez, director general de Re-viste, quien añade que si bien cuando se creó la entidad, todavía quedaba tiempo para que esta responsabilidad fuera de obligado cumplimiento – se prevé que llegue en el segundo semestre de 2026-, el objetivo era “ir montando con antelación toda la estructura necesaria para recoger y separar los textiles, el calzado y el textil del hogar”.
“Todo nace de una inquietud conjunta entre varias empresas del sector: si no se actúa de manera conjunta, cada empresa nos quedaremos atrapados en soluciones individuales, costosas y poco eficientes frente a la amenaza de generar sobrecostes, duplicidades y una imagen pública de descoordinación”, explica a esta publicación Ignacio Sierra, director general corporativo de Tendam. También pesó, recuerda Sierra, la convicción de que el sector requiere de liderazgo e iniciativa para demostrar que es capaz de organizarse. “Fundar un SCRAP nos permite marcar estándares y hacer fuerza para dialogar con las administraciones desde una posición de corresponsabilidad y madurez”.
La gestión del residuo textil
En 2025, Re-viste puso en marcha varias pruebas piloto en distintos municipios y ciudades con el objetivo de probar el sistema de recogida de desechos textiles que se diseñó: “Elegimos dos ayuntamientos urbanos, dos rurales y dos intermedios, prestando atención al turismo y la dispersión, para ver las diferencias que nos podíamos encontrar”, nos cuenta Meléndez.

Con éstas están comprobando que el comportamiento del ciudadano y la tipología de productos varía dependiendo de la zona – en zonas de clima más frío se recoge más ropa de abrigo y en otras, más de verano-; los canales de comunicación a emplear – “en las grandes ciudades usamos mupis de las paradas de autobús, mientras que en entornos rurales tenemos que comunicarnos de forma más directa, acudiendo a colegios o asociaciones”-. Aunque, de acuerdo con Meléndez, todavía es pronto para extraer conclusiones, al cabo de un año realizarán una guía de buenas prácticas junto con la Federación Española de Municipios y Provincias.
Preguntado a Meléndez sobre cómo será la operativa una vez que la gestión del residuo textil sea algo obligatorio, “le pediremos al ciudadano que lleve separadamente sus textiles, calzado y textil del hogar a puntos de recogida”, que pueden ser municipales o privados – localizados estos últimos en parroquias, centros comerciales o gasolineras-. Después, todo el textil se lleva a una planta de clasificación donde se evalúa prenda a prenda si está en condiciones de ser reutilizada. Las que sí, se pueden donar, entregar a tiendas europeas de segunda mano o exportarse al tercer mundo, “siempre que estén en buen estado y no tengan roturas ni agujeros”.
Si no se actúa de manera conjunta, cada empresa nos quedaremos atrapados en soluciones individuales, costosas y poco eficientes
Las que no, pasan a las plantas de reciclado donde se clasifican por composición y color para crear balas homogéneas de materiales, retirando previamente botones, etiquetas y cremalleras. Finalmente, mediante reciclaje mecánico, químico o termomecánico, se obtienen materias primas para fabricar nuevos textiles, mobiliario e incluso revestimientos internos para la industria de la automoción. “Para que todo esto funcione, existe un coste neto que Re-viste debe distribuir entre las empresas que ponen ropa y calzado en el mercado, cumpliendo así con la responsabilidad ampliada del productor”, concluye.
Impulso del ecodiseño
Además de la figura del RAP, la norma española de 2022 trajo consigo nuevas obligaciones para los fabricantes del sector textil, como la necesidad de que esta sostenibilidad se aplique desde el momento en que se diseña el producto.
Coincide en ello Ignacio Sierra, de Tendam: “Ahora no solo se piensa en el tejido, la estética, la tendencia o la temporada, ahora tenemos que considerar algo menos visible, pero fundamental, ¿qué ocurrirá al final de la vida del producto?”. Esto, asegura, ha cambiado la forma de trabajar de los equipos de diseño, empujándoles a “pensar desde la fibra para diseñar prendas reciclables, con estructuras que faciliten el desmontaje y la reparación, evitando mezclas imposibles de separar, priorizando el ecodiseño”, para lo que la firma ha tenido que formar y concienciar a los mismos en nuevos conceptos y procesos.

“También ha cambiado la relación con los proveedores”, informa Sierra, al pedirles certificaciones que garanticen la trazabilidad, homologarlos teniendo en cuenta sus procesos de producción y realizando auditorías en las propias fábricas para verificar in-situ las condiciones. “Esto ha obligado a estrechar la colaboración con la cadena de suministro, a renegociar procesos y, en muchos casos, a una colaboración directa para invertir en la mejora de procesos más eficientes”.
Esta adaptación a la normativa nacional y europea ha llevado a Tendam a colaborar asimismo con otras entidades como Cáritas Moda Re, con la instalación de contenedores específicos para la recogida y separación de residuos textiles en las sedes de Madrid y Barcelona; Ecoembes, para la gestión de residuos de envases comerciales; y a lanzar iniciativas como R[ECO]LLECT, una red de contenedores destinados a la recogida de prendas post-consumo en las tiendas de Springfield para su reaprovechamiento, reutilización o reciclaje, o Involucrados, que fomenta la venta de las muestras empleadas en la conceptualización de las prendas, en ecommerce o en su showroom y cuya recaudación va dirigida a una entidad social.
Además de aprovechar el canal outlet, que ha resultado ser, según Sierra, “una herramienta estratégica para minimizar el invendible al dar salida a artículos que, de otro modo, podrían convertirse en residuos”.
“Una regulación como ésta tiene un impacto transversal en toda la cadena de valor que parte de la adaptación en productos, tendencias, operativas, procesos… pero también en cambios en las formas de consumo”, explica a D/A Retail Nuria Combrado, ESG senior manager de Grupo Sprinter-JD, para quien la clave de adaptación recae en la capacidad de una compañía por escalar estos procesos y colaborar con otras empresas, entidades de economía social y la industria recicladora. “Para ello, llevamos años trabajando y apostando por un modelo sostenible”, recuerda.
En Sprinter y JD se han logrado tasas de reutilización superiores al 60%
En el caso de las marcas de moda deportiva, se han implantado medidas concretas de circularidad para la gestión de productos no vendidos y pre-consumo, “priorizando la jerarquía y buscando siempre alternativas de reutilización y valorización”, con los que se ha logrado tasas de reutilización superiores al 60% y “conectando proyectos sociales que aportan valor en los procesos de pre-clasificación, clasificación, reparación y recuperación”. Además, “este flujo de residuos se ha integrado en nuestro proceso de auditoría externa a través de la certificación ‘zero waste’”.

Aquí ha sido clave la labor de sensibilización interna realizada por el grupo a través del desarrollo de programas formativos y talleres para que los equipos pudieran acercarse a los compromisos de circularidad y reducción de residuos fijados por la empresa; entender cómo podían apoyar en esto desde sus diferentes áreas; y comprender mejor cómo funcionan los procesos de reciclaje en los diferentes materiales y productos, cuenta Combrado.
Límite al ‘greenwashing’
Es posible que el terremoto que ha originado las nuevas normativas de sostenibilidad en el sector textil redunde en prendas no solo diseñadas para minimizar su impacto en el ecosistema, sino también para durar más.
Además de una mayor transparencia, incentivado por la llegada en los próximos tres años del pasaporte digital de producto, una herramienta impulsada por Europa que, según recuerda Juan Ramón Meléndez, de Re-viste, obligará a incluir en el etiquetado información detallada sobre las materias primas con las que está fabricado un producto y el lugar de fabricación. “Esto ayudará a que el consumidor tenga información concreta sobre su sostenibilidad y no se fije de manera exclusiva en el precio”, estima Meléndez.
“Este marco normativo está diseñado para que la sostenibilidad se convierta en una verdadera ventaja competitiva”, afirma Ignacio Sierra, de Tendam. Incorporar las directrices que marcan las normativas no solo ayuda a las empresas del sector a evitar multas, “también ganan eficiencia, reputación, capacidad de diferenciación y un compromiso más sólido con los objetivos comunes del sector”.
Es posible que la normativa redunde en prendas más duraderas
Para el director general corporativo de la matriz de Cortefiel dicho marco podría a su vez reducir las prácticas de greenwashing en el sector, puesto que obliga a medir, verificar y respaldar con datos cualquier afirmación ambiental. No obstante, a juicio de Sierra, conlleva el riesgo de que “la regulación limite la pedagogía en sostenibilidad como argumento comercial, reduciendo una vía que ha contribuido a educar y generar demanda por lo sostenible”.
